Posted on 19:35 | By Running to the ligth | In
El la invito a cruzar el zaguán, como buen caballero de su época. Ella tan naif no comprendía la seriedad del asunto. Era otoño, las malas noticias siempre se dan en otoño, que mejor fecha para dar un mal augurio, total la mundana superstición de que la primavera todo lo renueva ya se empieza a sentir(blasfemias sociales).
Hacia frió, un frió cortante pero de esos que te llena el corazón de melancolía, las calles de Buenos Aires estaban particularmente desiertas; el tan mesfistofélico enuncia simplemente una palabra, escopetadamente el viento comienzo a cortar el corazón de la damisela. Ella aulla para supurar el dolor de su cuerpo, pero fue en vano, no comprendía la seriedad de la situación. El con una lágrima, dios sabrá por que la habrá derramado trata de lisonjear a la hermosa y débil joven. Ella no lo escucha, solamente se pregunta una cosa, una pregunta fugaz y enferma con un simple fin auto destructivo.¿Qué hubiera sido de mi si no hubiera cruzado el zaguán?.
No tuvo fuerzas para mirar a la cara a su diabólico amanto solamente marcho calle abajo en un Otoño mas, llevando consigo un sueño partido al medio, una lagrima que hacia destacar sus primoroso rasgos y así se puso en la misión de husmear algo en las calles de nuestro Buenos Aires querido.

















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